Yo, cuando leo fantasía, necesito ubicarme y creo que es necesario tener un mapa. Porque es fácil perderse entre horas y horas de caminos, bosques, montañas, mares... Los personajes se mueven, cabalgan, vuelan...
Y mi propia novela no iba a ser diferente.
Yo mismo, mientras mis personajes actúan y se dirigen a algún lugar, necesito poder ver esos caminos claramente. Si van al este, tengo que saber qué se encontrarán.
Tuve que parar el desarrollo de mi libro para poder crear mi propio mundo.
Hice decenas de bocetos, porque todo empezaba en un lugar concreto, Atlaquem. Ese bosque tan maravilloso y aterrador. Poco a poco fui creando curvas y líneas.
Y entonces llegó el momento de llenarlo. Reseguir los caminos ya escritos, hacia dónde se dirigían. Incluso cambiar caminos dentro de mi propia historia. Y así nació mi boceto final. Creado con mi puño y letra. Letra que tampoco me gustaba. Entonces, en el mismo boceto, añadí una tipografía inventada, algo solo mío (por supuesto, a partir de una que encajaba, pero no representaba lo que realmente quería).
Y cuando ya tenía el mapa dibujado, decidí ir un poco más allá.
Admito que primero intenté replicarlo con IA, bueno, solo quería que cogiera mi dibujo y lo dejara sin las anillas y un poco más limpio. Pero fue un desastre, quizá los prompts que introduje eran una porquería y por eso el resultado también lo era.
Entonces pensé: hay mucho friki en el mundo, gente que crea mapas por diversión o partidas de rol. Tengo que encontrar una.
Gracias a una de ellas, creé este mapa:
Con él, mis personajes podían moverse con tranquilidad. Sabía dónde estaban, podía calcular si dos personajes se iban a encontrar.
Para mí, fue un cambio.
Y por ello, lo quería presentar. También para poner mi primera entrada en este blog, que creé y ahí se quedó, mientras seguía inmerso en Thyrheim.
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